(Muro del Eco. Ramales de la Victoria)
David Arrizabalaga Poveda. Fotos: Alberto J. Puerta González.
Resumen: Informe del estado actual de la Cueva de los Hornos,
situada en la base del Muro del Eco, en Ramales de la Victoria.
Esta cueva posee un importante yacimiento del Aziliense y
restos de cerámica del Bronce, que están siendo destruidos
debido a su utilización como refugio, no habiendo sido atendidas
las denuncias realizadas ante la Administración regional.
Se trata de una pequeña cavidad situada en la base
del Muro del Eco. La entrada, de unos 6 m. de anchura por
2 m. en la parte más alta, da acceso a una amplia sala, que
en el fundo se va estrechando hasta hacerse impracticable,
dando un recorrido total de unos 15 m. Posee un importante yacimiento superficial del Aziliense, que unido a la gran
abundancia de cerámica del Bronce encontrada, la hace ser
uno de los yacimientos más importantes de la región.
Las especiales condiciones de la cavidad, con un
vestíbulo amplio y seco y con un muro de piedra que cubre
la mayor parte de la boca, y su situación en la base del
Muro del Eco junto a numerosas vías de escalada, hacen
que desde tiempo atrás haya sido utilizada por escaladores
como refugio en el que pernoctar, lo que conlleva el consiguiente deterioro por el abandono de basura y el ocasionado
por las hogueras realizadas en el interior, además de las
numerosas pintadas recientes que podemos encontrar por
toda la cavidad.
En una visita realizada al Muro del Eco, pudimos
comprobar "in situ" la situación a la que se había llegado en
el "acondicionamiento" de esta cavidad. Al fondo del vestíbulo
y en su parte derecha, el suelo ha sido limpiado de
piedras y alisado para colocar un "encame" fabricado con
paja y grandes cartones y enmarcado por troncos al más
puro estilo chabolista. Pero el último paso en el proceso de
transformación que está sufriendo esta cueva, y con diferencia el más grave, ha sido la construcción de una mesa y
bancos de piedra y madera en la parte izquierda del vestíbulo.
Para ello han alisado el suelo retirando gran cantidad
de material, lo que muy probablemente haya afectado al
yacimiento, y han utilizado piedras procedentes de las
estructuras de piedra existentes en la cavidad, de indudable
valor etnográfico, y que han sido desmanteladas en su
mayor parte. Además, para garantizar la perpetuidad de la
obra y evitar su desmantelamiento, no han dudado en utilizar
cemento en su construcción, como tampoco han dudado
a la hora de abandonar los sacos que lo contenían al
fondo de la sala. Sin embargo, lo más doloroso de todo este
asunto, es que la construcción de la citada mesa ha sido realizada
por los miembros de un club de montaña y financiada
por la Federación Cántabra de Montañismo, una institución que si bien fomenta la conservación de la montaña y
la naturaleza, con este tipo de actuaciones da a entender que
no muestra el mismo interés por otros campas de estudio
que no sean las suyos propios, y así lo acredita la justificación que para la realización de tan desgraciada obra dieron
en su día los autores de la misma a miembros de nuestra
Federación y que, por paradójica que parezca, fue la de evitar la acampada libre para impedir el deterioro del prado
que circunvala el Muro del Eco y seguir manteniendo una
relación amistosa con su dueño.
Conocida esta situación por la F.C.E. en 1995
procedió a realizar un informe que presentó en la
Consejería de Cultura, sobre este hecho en concreto y
sobre el estado de conservación general del yacimiento de
la cavidad, incluyendo en el mismo una propuesta con las
posibles medidas de conservación que se deberían tomar
para evitar un mayor deterioro. Posteriormente y ante la
pasividad de esta institución, A. Serna Gancedo, como
Presidente de la F.C.E., procedió a elaborar un segundo
informe más detallado, insistiendo en la necesidad de
adoptar medidas de protección para la cavidad y en el que
además se identificaba a los autores de los destrozos y se
pedían medidas contra los mismos. Dos años después, la
mesa sigue en el mismo lugar y no se ha tomado medida
alguna para proteger ni el yacimiento ni la cavidad, y aún
menos contra sus autores, lo que nos hace pensar en la inutilidad de este tipo de denuncias ante la Consejería de
Cultura, dada su inoperancia y pasividad en este tipo de
situaciones, y en la impunidad de este tipo de actos, lo que
conduce, sin lugar a dudas, a que quienes los realizan den
un paso más en este tipo de acciones.
A pesar de todo esto - pintadas, basura, mesa y
Administración impasible- y dejando a un lado las probadas responsabilidades de unos y la falta de eficiencia de los
otros, no podemos dejar de insistir en la urgente necesidad
de proteger tan importante yacimiento con la mayor breve-
dad posible, puesto que cuanto más se demore su cierre,
mayores serán sus daños causados por tan desafortunados
ocupantes, que seguirán acudiendo mientras no se ponga el
remedio.